14 de diciembre de 2021

La flora autóctona y el suelo de la barda de #Neuquén se puede desarrollar en la tarea agropecuaria.

El Ajo y la Zampa: Complemento impensado como opción productiva en el desierto del norte de la Patagonia.

En el norte de la Patagonia es urgente desarrollar e investigar estrategias que puedan integrar la conservación de la biodiversidad y la restauración de paisajes, y lograr simultáneamente los objetivos de la conservación de la biodiversidad y la generación de bienes y servicios ambientales, para aumentar la productividad agrícola y el bienestar humano. En este contexto Fernando Farinaccio, integrante del Laboratorio de Rehabilitación y Restauración de Ecosistemas Degradados (LARREA), de la Universidad Nacional del Comahue, desarrolla investigaciones con detalladas mediciones que permitan ofrecer a los productores rurales posibilidades concretas de hacer uso sustentable de sus campos.

Lamentablemente, todas las zonas áridas del norte de la Patagonia se ven seriamente afectadas por procesos de desertificación.
En un estudio publicado en la prestigiosa revista Ecosystem and People, Farinaccio junto a otros expertos mostró que los pobladores rurales entrevistados identificaron un total de 44 especies que valoran por sus distintos usos y el interés para plantar en sus campos en zonas degradadas, de las cuales 38 fueron nativas. Entre las especies nativas más mencionadas, se destacaron el alpataco (Prosopis flexuosa var. depressa), la zampa (Atriplex lampa) y las jarillas (Larrea spp.). Las principales razones no fueron solo ecológicas, sino también por los múltiples usos de las plantas, como proporcionar forraje de alta calidad para el ganado, leña para calentar y cocinar, y por usos medicinales.

El experimento de cultivo y restauración
El interés manifestado por los pobladores rurales, motivó a Farinaccio a llevar a cabo un experimento, con una técnica agroforestal denominada cultivo mixto o intercalado, la cual consiste en plantar una especie nativa de Monte (en este caso Atriplex lampa, zampa), intercalada con una especie agrícola (Allium sativum, ajo). Antes del experimento Farinaccio evaluó a través de una revisión científica de estudios sobre sistemas agroforestales a nivel mundial en la que comprobó tanto su factibilidad como beneficios y/o inconveniencias.
La zampa, una de las especies elegidas, tiene valor forrajero, ya que sus hojas contienen alto contenido proteico y pueden brindar un aporte energético importante al ganado en períodos en que la disponibilidad de forraje natural es reducida tanto en calidad como en cantidad. Además, ha sido descripta como una especie de valor medicinal, y aunque para muchos es desconocido, sus brotes nuevos son comestibles para la especie humana. Investigaciones sobre las posibilidades de su cultivo, desarrolladas por LARREA-UNCo, han mostrado su fácil producción en vivero, y su excelente supervivencia y desarrollo en campo.
Por otra parte, la elección del ajo se basó en las bondades de esta especie en cuanto a su resistencia al frío y calor, el bajo nivel de riego que requiere, y los bajos requerimientos nutricionales durante su cultivo.
El experimento que requiere permanentes mediciones, se llevó a cabo en una parcela experimental en el campus de la Universidad Nacional del Comahue en Neuquén. La experiencia comenzó hace tres años, con la plantación de 750 ejemplares de Zampa, los cuales fueron producidos durante nueve meses en el vivero del LARREA-UNCo. Las plantas se colocaron en forma de barreras, con el fin evaluar el efecto protector (contra los intensos vientos y la alta radiación).
Luego de tres años post plantación las barreras de zampa alcanzaron alturas que variaron entre 0,7 m y 1,8 m. También se dejaron sectores «testigo» sin ningún tipo de barreras, con el fin de poder comparar la aplicación del cultivo mixto con el monocultivo.
Con el fin de controlar los parámetros ambientales, durante toda la etapa de cultivo, el mismo fue monitoreado climáticamente a través de la instalación de una central meteorológica, y microclimáticamente por medio de la medición de temperatura y humedad del suelo, y velocidad del viento por tipo de barrera. También se evaluó mensualmente la supervivencia y desarrollo de los ajos, a través de mediciones de altura y número de hojas de cada planta. Las muestras que se van extrayendo aleatoriamente muestran que las barreras de zampa son excelentes protectoras para el cultivo y como lo recuerda Farinaccio, brinda al mismo tiempo mejoras en el suelo y forraje para los animales.


El investigador sostiene que, si bien esta experiencia se realizó con riego en mínimas cantidades, es posible desarrolarla con sistemas de “cosecha de agua”, que consisten en atrapar el agua de lluvia mediante obras en el suelo. Esta práctica ha sido desarrollada ancestralmente por diversas culturas en zonas áridas del mundo, y son de frecuente práctica principalmente en África y Asia.
Esta primera prueba piloto de compatibilización de conservación de la naturaleza y producción agropecuaria forma parte de una línea de trabajo del LARREA que lidera Farinaccio. Su planteo es que esta es solo una de las alternativas que deben pensarse para recuperar zonas degradadas y logra un futuro de relación sustentable naturaleza-sociedad en las zonas áridas, hoy afectadas por desertificación

Lic. Fernando Farinaccio. Laboratorio de Rehabilitación y Restauración de Ecosistemas Áridos y Semiáridos, Facultad de Ciencias del Ambiente y la Salud, Universidad Nacional del Comahue.

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