3 de abril de 2012

“Malvinas. Una voz, de principio a fin” – TERCERA PARTE

 "Cuando yo caigo prisionero, en realidad estaba contento de que se haya terminado la guerra, que yo había quedado sano, no tenía muchas heridas, sólo algunas esquirlas. Estaba sano. Estaba con vida. Había visto como habían muerto mis compañeros en el campo de batalla, prácticamente abandonados en las estepas”.
 
Así cerraba Ángel Huenchul su relato sobre la Guerra en las Islas Malvinas. Un capítulo de su vida que no va a olvidar, que lo va a tener siempre presente.
 

Así cerraba Ángel Huenchul su relato sobre la Guerra en las Islas Malvinas. Un capítulo de su vida que no va a olvidar, que lo va a tener siempre presente.

Hoy, a treinta años del conflicto, puede hablar sin emocionarse ni llorar. Y puede hacerlo gracias al apoyo constante de su familia. De todas maneras, Ángel lamenta que la sociedad argentina no haya actuado así en un principio.

De estas cuestiones y como vive hoy el Veterano de Malvinas habla Huenchul en la tercera y última parte de la entrevista “Malvinas, una voz de principio a fin”.

 
Después de la guerra

 
Yo vuelvo a Argentina como prisionero de guerra en el Canberra, que lo desembarcaron en Puerto Madryn. Antes había estado en unos galpones de lana y el 19 de enero fui recién embarcado. No recuerdo la cantidad de días. No sé si estuvimos dos o tres días en altamar.
 
El trato con los prisioneros fue muy profesional. A nosotros, los que habíamos estado en las primeras líneas de combate, nos dieron comidas calientes, por lo general, pescado con arroz, y un postre. Teníamos baños privados. Había soldados que dormían en camarotes, con cama y todo. La atención fue muy buena.

Aparte, nosotros lo que queríamos era estar con un lugar con un poquito de calefacción. Estábamos casi al punto ya de congelamiento de los pies. Había mucha gente con problemas de infección por los sabañones, en los dedos. Había mucha gente con ese sufrimiento. Así que, caer en el Canberra, que era un barco de lujo, era estar en la gloria.

Cuando se termina la guerra, que estaba sano y vivo, quería estar con mi familia. Sabía lo que había sufrido mi mamá y mi padre. Me contaron que todos los días se levantaban y pasaban por la Iglesia. Iban al escuadrón donde me habían llevado y mi madre decía: “Devuélvanme a mi hijo, desgraciados”.
 
Cuando llegaba el cartero que traía alguna noticia, mi mamá y mi papá se escondían, y mi hermanita más chica leía el telegrama. “El Ángel está bien, está vivo, está sano”. Podíamos mandar telegramas cuando estábamos en Puerto Argentino.

Rezamos mucho, oramos mucho. Estoy contento. No sé si quedé psicológicamente sano pero físicamente me siento una persona sana, con muchos proyectos como persona. Seguí estudiando cuando volví de Malvinas. Yo ya era maestro especial y me faltaban unas materias pedagógicas para dar clases en distintas provincias. Por eso, las cursé. Hice un curso de formación profesional en Playa Unión, en Chubut.

Después me casé. Tuve cuatro hijos. Sigo feliz, treinta y pico de años casado. Al formar matrimonio y la venida de mi hijo me hizo pensar, olvidarme un poco de la guerra en sí. No trabajé mucho sobre eso. Lo tomé como algo que me había pasado en la trayectoria de mi vida. No es una carga la Guerra para mí. Si bien es cierto que tengo imágenes que vi de muerte, no me afectaron psicológicamente. Para mí, fue una transición que me tocó vivir y la supe superar. La llevo conmigo y la tengo en mi corazón muy grabada.
 
No me quitó el deseo de vivir, de proyectarme en la vida como persona y de ser un buen padre, un buen amigo, un buen compañero.
 
Con respecto a como nos recibió la sociedad, te voy hablar de mi pueblo. En ese entonces, yo vivía en Trevelin, a 50 kilómetros de Esquel. Es un pueblito chiquito en aquel entonces. Mi padre era criancero en una escuela. Éramos conocidos. Entonces, la gente fue a saludarnos. Hicieron una caravana y todo. Estaban los compañeros de mi hermano porque yo también había ido a la escuela allá.
 
Yo hablo siempre de mí porque sé que algunos no para que hable de Malvinas. De hecho, no podía hablar porque me ponía a llorar. Había quedado muy sensible a pesar de que estaba bien.
 
Empecé a hablar de Malvinas abiertamente y sin emocionarme, creo, que después de 10 años de haber vuelto. Inclusive, hay gente que hoy se entera que yo soy Veterano de Malvinas. Medio que no lo conté.

Yo me fui de Malvinas teniendo un trabajo, un sueldo. Volví de Malvinas teniendo ese sueldo. No fui nunca un desocupado, como los soldados que tenían que salir a buscar trabajo.

La sociedad en general, y ahora sí voy a hablar de lo general, ocultó a los Veteranos. Los marginaron.

Yo, por ahí, dejo aparte lo que es el Estado, el gobierno. No se puede decir puntualmente que fue el gobierno quien margino sino que la sociedad argentina también volvió la cara para otro costado. Miró para arriba. No hubo ninguna organización social que se preocupó por la salud. De hecho, ya se han matado, quitado la vida 300 soldados. También es fuerte la desmalvinización que hae el gobierno de Alfonsín.

La sociedad tampoco supo separar de los militares que habían cometido la deshumanidad con los soldados. Caímos todos. La sociedad creía que ayudando a los soldados que habíamos estado en Malvinas volvía a ayudar a los militares o a la Junta Militar.

A la sociedad le costó mucho separar esas cosas, decir “el soldado fue, era un civil, le tocó ir a la Guerra y o tiene nada que ver”.

De hecho, hubo mucha discriminación hacia el soldado de Malvinas. Por lo general, el soldado que no tenía instrucción como que quedó sumiso. Se quedó como sin argumentos. No sé si salió a pelear para reinsertarse en la vida. Fue también discriminado porque pensaban que podía haber quedado con alguna secuela. Le costó mucho conseguir trabajo. El desamparo, lo siento como una ignorancia, que et ignoraron, a pesar de que vos habías ido a defender parte de la Soberanía Argentina y que el pueblo te lo pidió. Y después te discriminó.

Estas cosas dolieron mucho. Para muchos fue muy fuerte. Se sintieron usados, totalmente desamparados por la sociedad, discriminados totalmente.

Hoy, como Veterano de Malvinas, estoy bien económicamente. Hemos sido reconocidos tarde pero reconocidos. Yo no quiero pedirle más al Estado. Tampoco quiero ser un mendigo del Estado. Creo que ya medio el apoyo que necesitaba. Por empezar, estoy muy contento de tener trabajo, de poder cumplir con mis funciones y poder ser un buen empleado. Eso me satisface mucho y me gusta mucho lo que hago.

Estoy muy cómodo en la Universidad. La gente me respeta muchísimo. Estoy aprovechando eso. Vivo muy bien. Vivo con toda mi familia. Mis hijos estudian. No tengo reclamos hacia hoy.

Es cierto que para la parte general del Veterano de Guerra, la economía o la ayuda social o la ayuda de salud llegó muy tarde. Una vez que vos atrofias en la mente o todo lo que pasó en el desamparo, el desarraigo, la ignorancia o la discriminación que se le hizo, una ayuda económica no le soluciona el problema.

Muchos se dedicaron a las drogas o a al alcohol. Por lo general, quedaron secuelas de gente con resentimiento. Inclusive, la que sufre mucho es la familia del Veterano de Malvinas. Llámese la esposa, los hijos, porque le quedó un resentimiento muy grande a aquel que no pudo reinsertarse realmente a la sociedad. Esa gente sufrió mucho. Hay varios veteranos separados. Viven solos.
 
En cuanto a los reclamos de los soldados movilizados, yo no tengo nada contra ellos porque eran compañeros con los que estuvimos muchas veces en instrucción. Les tocó quedarse en apresto para ayudar a las tropas que estaban combatiendo. Creo que es una decisión política ayudarlos. Yo no estoy ni en contra ni a favor de ellos. Todo lo contrario.
 
Creo que es un tema que yo no lo tengo que discutir. Es una decisión política. Nosotros luchamos diez, doce años para ser reconocidos y creo que a ellos también les va a costar. Sí me gustaría que les den un reconocimiento pero no la categoría de los que estuvimos en las primeras líneas de combate, viviendo en los pozos zorro 60 días y 60 noches. Es muy distinto a ellos que estuvieron embarcados, donde podían comer comida caliente.
 
Con los Veteranos, nos ocurre algo que ocurre en todos lados. Con otros somos más amigos, con otros menos. Cada atentos nos juntamos a comer un asado o en una guitarreada. Por lo general, tenemos buena relación. Hay actitudes que se han tomado y que a muchos no nos gustan, pero, bueno, es lo que hay.

Sobre el Reclamo de la Soberanía que se está realizando en la actualidad, puedo decir algunas cosas. Yo creo que la regionalización y la globalización de este reclamo y futura unión latinoamericana, a los británicos y a los norteamericanos, les preocupa mucho. Ellos tienen el poder de la navegación en el Atlántico Sur. Y el reclamar que se devuelvan las Malvinas ya como unión latinoamericana y no como Argentina, les preocupa mucho. Creo que en muy pocos años, y ojala yo esté vivo, las van a devolver. Va a pasar lo mismo que ocurrió con Hong Kong. Y acá va a pasar lo mismo.

Les preocupa eso. La regionalización latinoamericana. Lamentablemente, acá los gobiernos tienen asperezas con países limítrofes. Cuando esté bien todo, como dicen los chicos “todo liso”, Latinoamérica va a ser fuerza para que se devuelvan en forma diplomática las Islas Malvinas.

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