30 de junio de 2011

Entrevista: «Cuando tenga mi nuevo documento, lo voy a entregar con una sonrisa en la cara»

Francisco Sfeir es estudiante de la carrera de Abogacía en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional del Comahue.  

Su DNI dice que se llama Dana Estefanía. 

Como todo chico de su edad, convive con los temores propios ante el estudio, le gusta la música y el cine y, sobre todo, disfrutar de su familia.  

La diferencia es que tiene disforia de género y hace dos meses tomó la decisión de hacer valer, en todo sentido, su verdadera identidad en una primera instancia, con la inyección de hormonas. 

En diálogo con Prensa UNCo, Francisco conversó sobre las primeras reacciones en su entorno y su familia, su vida universitaria, sus proyectos y su primera elección, entre otros aspectos de su vida.  

 ¿Qué impacto tuvo en tus estudios universitarios esta decisión tan importante que tomaste? 

Últimamente, se me está dando por no querer ir a la Universidad porque me siento cansado. Son cuatro horas de viaje ida y vuelta y a veces sólo tengo que cursar dos. Se hace larga la jornada. Tenes ganas de ir al baño y no sé en que baño entrar. ¿Entro al de mujeres al que hace dos meses entraba o entro al de varones al que nunca entré y no sé con qué me voy a encontrar?. Son un montón de problemáticas que van surgiendo y siento que la propia Universidad es un ámbito para normalizar a las personas.

En el presente tengo que poner mi nombre como sale en el legajo, que está todo bien, porque es una parte administrativa. Pero, estoy todo el tiempo restringido. De hecho, la otra vez fui al Departamento de Alumnos porque quería cambiar mi nombre y quería saber si iba a tener el mismo número de legajo o si lo tenía que cambiar y qué trámites tenía que hacer. El señor que me atendió me pregunta como me iba a cambiar el nombre y porque lo iba a hacer, mientras la cola de gente se hacía más larga. Yo le contestó si sabía de la ley de identidad de género. Él me contesta que sí y yo le respondo que me quería cambiar el nombre por eso. El señor se me queda mirando y me dice que tenía que traer esto y lo otro.

Entonces, ¿por qué me hizo tantas preguntas si igual me iba a contestar?. Factorizaba a la respuesta. 

 

 

Tal vez, porque de pronto se encontró con una realidad inédita para él…

 

Igual, me pareció malísimo. Mi libertad pero mi privacidad. Si yo te estoy pidiendo que por favor me des esa información, no te interesa porque. Me la tenes que dar y listo. Con respecto a eso, con las abogadas de Colectiva La Revuelta, vamos a presentar una formalidad para que de ahora en más se respete mi nombre hasta que me llegue el nuevo documento.

Pero, retomando la pregunta, me agarran los bajones y no tengo ganas de ir a la Universidad porque me siento controlado todo el tiempo. 

 

 

¿Cómo es la relación con los compañeros de estudio?

 

A los compañeros de la Traffic les dije que ya no me llamaran como Dana sino como Francisco o Agustín, que son mis nombres. Me empezar a preguntar que onda mi familia. Siempre la pregunta que me hacen es por mi familia y nunca por cómo me siento yo con todos estos cambios. Lo hablamos y me dijeron que no había ningún drama. Algunos chicos de la Traffic. Otros no. No tuve la necesidad de contárselos.

En la facultad, me relaciono siempre y no tengo ningún problema en relacionarme. Sí me restrinjo a usar pronombres que refieran a mí como mujer. Por ejemplo, “uy, que loco” o algo así, pero refiriéndome a mí en masculino. Si lastra persona duda o si le ocurren varias cosas, no me interesa. Hasta ahora, lo llevó así. 

 

 

¿Cómo reaccionó tu familia cuando le contaste la decisión que habías tomado?

 

Yo venía haciendo algo bien pedagógico y didáctico con mi papá y mi mamá de mostrarles videos, entrevistas, historias de vida, fragmentos de libros. Todo lo que estuviera a mano para mostrárselos, se lo mostraba. Si a las personas que pasan por esto nos cuesta entendernos y entender lo que nos pasa, más le va a costar al otro que no lo siente, que te escucha siempre afuera y externo a lo que vos sentís. Entonces, traté de ser lo más pedagógico posible y le conté a mi familia.

Primero se lo conté a mi papá que me dijo que estaba todo bien, que no había ningún drama y que él me iba a querer igual. Después, se lo conté a mi vieja que lloró. Fue la reacción que tuvo. Por ahí tardó. Se lo conté un lunes y se rehusó a llamarme como varón hasta el viernes hasta que lo entendió. Me agarra y me dice “Bueno, Francisco”. Cuando me dijo eso, pensé “Listo, ya está. Estoy realizado”.

Después se lo dije a mi hermanita de 11 años. Lo tomó con toda la naturalidad del mundo. Mis dos hermanas mayores fueron las siguientes. La más grande estudia Medicina en Cipolletti. Siempre lo cuento porque su visión está condicionada y contaminada por la medicina. Tuvimos una charla bastante fea porque me decía que “Yo te apoyo, todo bien pero por favor no te embaracés”. Yo le preguntaba porque me decía eso. Particularmente no me quiero embarazar pero, si me quiero embarazar ¿cuál es el problema?.Si otras personas se quieren embarazar y son hombres trans, ¿cuál es el problema?. Y ella me dijo que no es natural. Yo me pregunto ¿qué es la naturaleza?. La naturaleza soy yo que ahora decido cambiar de género. Y eso es natural también. Después hablamos de cosas como cuando esté con barba y tenga menstruación que por favor no le pida una toallita. Yo le dije que se quedara tranquila que si eso ocurría no le iba a pedir una toallita si a ella le producía un conflicto. Ahí la biología y la medicina le rompían la cabeza a ella porque no puede entender otras cuestiones que también hacen a la medicina.

Mi otra hermana, que está estudiando en el IUNA Artes Visuales, se recopó con la idea e hizo una escultura de un hombre pero con pechos. Lo que yo le contaba, lo exteriorizó así. Mi familia entera me apoya en todas.

Hay que tratarlo con humor porque en los momentos más difíciles hay que reírse. 

 

 

¿Qué pasos vas a tomar a futuro para validar tu identidad?

 

Con la misma abogada de La Revuelta vamos a empezar a pelear por mi nuevo documento. Hay dos formas de hacerlo. La primera es el amparo de urgencia. Según la abogada, no es bueno hacerlo de esta manera porque no nos van a prestar atención porque para la Justicia yo no tengo ninguna urgencia. Por eso, vamos a empezar con otro proceso que es similar a una instancia de juicio. Tengo que presentar testigos, me tienen que hacer análisis psicológicos y llevar fotos. Esto no me gusta mucho porque tengo que llevar a un juicio a personas que quiero para que digan “Sí, se sintió todo el tiempo varón”.

Si yo decido cambiarme el nombre cuando la barrera de los géneros es tan difícil, me parece que no es por nada. 

 

 

¿Cómo fue tu primer día de vida democrática el pasado 12 de junio en Neuquén?

 

No sé. Buena, supongo. Llegué y yo pensaba que las mesas eran mixtas. Y no. Hay mesas para hombres y mesas para mujeres. Me sentí un poco incómodo. Me atendieron en seguida. Mostré mi documento. Todos los fiscales de mi mesa gritaron mi nombre y se lo pusieron a buscar en la lista. Yo me agarraba la cabeza y pensaba “no, otra vez me persiguen con eso”. Entré al cuarto oscuro, deposité mi voto y me aplaudieron. Agarré mi documento y me fui. La vergüenza que pasé cuando me dijeron Dana y yo con bigotes y vestido así, me fue bastante incómoda.

Una mujer que se viste de varón, bueno, es machona. Me imagino una travesti que ya tiene de nombre Jorge y, por ahí es una diva o no, no hace falta serlo, me parece que la violencia todavía es más.

Yo igual tengo un espíritu y un pensamiento por el cual trato de no agarrarme a lo malo. Trato de tomarme de siempre pensar en lo bueno. Pasé vergüenza pero, cuando tenga mi nuevo documento, lo voy a entregar con una sonrisa en la cara. Y así va a ser.

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